A finales de este año, como por noviembre, tuve la suerte y
el gustaso de grabar con una productora que se hace llamar Flamita Studio, fue
algo muy breve.
Tenía años de no estar en un set, además fue la primera vez
que trabajo en uno que sea totalmente green screen, pero lejos de la
parafernalia, los equipos de los que uno se enamora a primera vista: black
magic, mini Mac, los kits de iluminación y más. El equipo humano con el que me
tocó trabajar me dejó impresionado, son poquísimas las veces que he visto tanto
gusto, talento, pasión y profesionalismo fusionado en un grupo de creativos.
Un Señor Camarógrafo que mis respetos para todas sus tomas,
un wey que sin farolear (más de la cuenta) demostraba conocer su equipo al cien
además de nunca descuidar su luz, y opinando sobriamente en cada encuadre que
lo ameritaba. Un cabron de Producción y Coordinación que desde que tuve
contacto con él para para ver si podía castear y hasta el día de grabación se
mantuvo enviando correos, información, explicó de pies a cabeza quiénes eran
sin prometerte la luna ni nada: realista, sincero y con una forma de tratar a
todos los actores tan educada, y respetuosa que a uno lo obligaba a no ser un
patán. Y el equipo creativo de animadores y magos de la postproducción que
estuvo toda la grabación apoyando, opinando objetivamente y creando en set.
Sin embargo, y hay quienes juran que soy misógino, la que me
dejó con la boca abierta e impresionado como pocas veces, fue la directora del
trabajo, que además de estar guapísima y tener ese “algo” que pocas mujer tienen,
era básicamente una bruja, o una directora cuasi democrática, mejor aún, algo
así como un Gremlin, una cosa tiernísima que de repente se transformaba en un
monstruo y de pronto volvía a ser una criatura tierna aparentemente inofensiva.
Una chica que escuchaba puntos de vista, y hasta llegaba a
pedir opiniones, pero al final hacía lo que tenía que hacer, incluso mandó al
diablo un par de vece todos esos “yo creo que…” para asumir su responsabilidad
y rodar como ella quería. Me sobran los dedos de una mano para contar a los
directores que realmente se hacen responsables de su trabajo, tanto en teatro
como en video, no hay nada más cagante que el director amigo, tierno y simpático,
que escucha y escucha y escucha todos los malditos puntos de vista ¿el
resultado? Una mamada de collage que no dice nada, o que tiene tantos errores
que terminan siendo firmados por rúbricas tan patéticas como “fue un trabajo de
equipo”, “así lo sentimos en ese momento”, ”no soy un dictador, todos somos
creadores”. Dan hueva, y tristeza, y
coraje.
Esta chica me recordó que el director debe transgredir, ser
una guía, eso: dirigir. Al final el resultado del producto es sólo responsabilidad
de quien asume ese rol. Fue genial ver
cómo una linda sonrisa de uno cincuenta y algo traía a raya a todo un equipo de
gente chingona.
Incluso para dirigir a los que estuvimos frente a cámara,
cabrona escuincla. De verdad es un placer trabajar para quien sabe lo que quiere a cuadro.
Como en pocos trabajos, en este, los “actores” puedo decir que fuimos el relleno, creo que
el videíto estará en un museo de Puebla en alguna expo permanente o algo así, y
es de esas raras veces que no me emociona ver el producto final porque el puro
gusto de haber trabajado con ese equipo de talentos, que muy, muy, muy, pero
muy raras vece se da, es más que suficiente.
A falta de foto con la directora me conformé con salir a
lado de esta otra belleza. Ojalá me los vuelva encontrar, y si no, el diablo
quiera que al menos a la directora la vuelva a ver.
¿Deseos para el 2016? No sé si este año la suerte esté de mi
parte, pero ojalá, ojalá, en algún momento pueda ser parte de un equipo así.